Una Esposa Demasiado Joven

Él asintió, satisfecho con la sumisión. —Esta noche tenemos una cena con los socios japoneses. Quiero que uses el vestido rojo. Y quiero que sonrías. Eres mi trofeo, Valentina. No lo olvides. Los hombres deben ver que soy capaz de mantener a una esposa joven y feliz.

Subió las escaleras corriendo, ignorando los gritos de él exigiendo que volviera. Entró en su habitación, con llave, y se apoyó contra la puerta. El corazón le latía con fuerza. Se acercó a su cama y sacó los libros de medicina. Los miró, con sus portadas desgastadas por el uso nocturno. una esposa demasiado joven